¿Sabes estar completamente sola?

Yo creía que sí, cuando mi mamá me decía: “tienes que aprender a vivir sola” siempre le respondía con una sonrisa.

Vivía sola, todas las mañanas al levantarme me duchaba, me arreglaba, desayunaba siempre a prisas y salía trabajar. El día se iba en una y mil cosas por hacer, cuándo llegaba la hora de la comida mis compañeros y yo no reuníamos en una salita, cada uno llevaba comida, a veces compartíamos, el momento se escapaba entre charlas cotidianas, y a la hora de salir siempre me llevaba una amiga a mi casa. Por la noche revisaba mis redes sociales y respondía mensajes mientras cenaba frente al televisor al que nunca le hacía caso. Y así se iban mis días.
Los fines de semana solía ir a comer mi mamá y por las noches siempre había algo que hacer, la mitad de los domingos los ocupaba para dormir lo más posible y por las tardes arreglaba mi casa y volvía a las redes sociales. En definitiva, vivía sola y creía saber hacerlo bien.
Pero un día, saliendo del trabajo, me caí por las escaleras y me fracture la pierna, el médico me mando a descansar tres meses a casa, al principio estaba muy contenta y adolorida, podría dormir hasta tarde y poder hacer todos los proyectos que por el trabajo no me daban tiempo.
Los primeros días se me fueron en prácticamente dormir, mi mamá molestaba por teléfono diciéndome que aprovechara este tiempo para aprender a vivir sola, siempre el mismo cuento, una y otra vez.

Cuando pasaron quince días, ya me sentía enfadada, me la pasaba metida en el teléfono viendo como mis amigas seguían de fiesta y en sus vidas normales, mientras yo estaba postrada en el sofá, entonces la cabeza comenzó a tener mil pensamientos, el insomnio llego, a veces comía demasiado y otras casi nada, mis emociones se volvieron loca, me sentía enojada, triste y desesperada.
Hasta que un día, ya muy entrada la noche viendo el techo de mi habitación comencé a hablar conmigo, ¿Por qué te sientes tan desesperada? Ya no quiero tener insomnio, y paso algo increíble, mi cabeza comenzó a responderme, es como si realmente estuviera platicando con alguien más. Y entonces la magia comenzó.

Me di cuenta que todo lo que hacía día a día no era precisamente lo que yo quería, las salidas al bar o al café, el tiempo que ocupaba haciendo cosas superficiales me había quitado la oportunidad de hacer cosas que realmente me llenaban, como tomar una baño largo, escuchar música solo para mí, para relajarme, comencé a escuchar a mi cuerpo y mi alimentación cambio un poco, siempre había sentido curiosidad por construir un huerto, pero mi vida social ocupaba el tiempo, tiempo que ahora tenía, re acomode mi casa y eliminé cosas que realmente no me interesaban, el silencio y la nada dejaron de ser una molestia, ya no estaba tan pendiente de los demás, pero si de mi persona, comencé a preguntarme cuáles de los cambios físicos que me había hecho realmente quería, y deje e teñir mi cabello, comencé a meditar, y usar ropa que me gustara a mi y que no fuera lo que me haría ver mejor para los demás.

Cuando regrese a trabajar, elimine un poco de tiempo que les daba a las personas para usarlo conmigo, y aunque no lo crean, la vida se volvió más brillante, ligera y bonita. Ahora entiendo a mi mamá cuándo me decía: Aprende a vivir a sola.


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